Poner sus asuntos en orden no es un acto en solitario, ni siquiera para los más independientes, y esta ficha le ayuda a ver, en una página, quién está a su alrededor y para qué. Dibuje cuatro anillos, uno dentro de otro, y coloque nombres en cada uno.
El centro: usted. Su información, su voluntad, su autoridad. Todo irradia desde aquí, y nada pasa por encima de su criterio mientras usted pueda ejercerlo.
El primer anillo: sus pocas personas de confianza. La una, dos o tres personas que darían el paso primero: su representante, su albacea, quien guarda la llave y sabe dónde están las cosas. Escriba sus nombres y, al lado de cada uno, el papel que tiene y qué sabe. Si un papel del anillo está vacío —un representante que no ha nombrado, un guardián de la llave que no ha elegido—, ese hueco es una de sus decisiones pendientes más importantes.
El segundo anillo: su círculo amplio. Familia y amigos a los que se avisaría o que se implicarían, pero que no son los primeros en llegar: los parientes a los que llamar, la vecina que tiene una llave, la amiga que conoce su voluntad. Aportan respaldo y continuidad.
El tercer anillo: sus profesionales y recursos. Su notario o abogado, su corredor de seguros, su médico de cabecera, su contacto en el banco, y recursos comunitarios como el centro de mayores de su barrio, el servicio de orientación jurídica del Colegio de Abogados de su provincia, los servicios sociales de su ayuntamiento o su parroquia o comunidad. Son las personas y organizaciones a las que deriva las preguntas especializadas, esas para las que este libro no deja de decirle que consulte según su situación y su lugar.
Rellene todos los anillos que pueda. Saltarán dos cosas a la vista: los papeles que ha dejado sin cubrir, que se convierten en sus prioridades, y, para muchos lectores, el recordatorio tranquilizador de que a su alrededor hay más apoyo del que sugería una tarea de aspecto tan solitario. Si los anillos interiores le parecen flacos, esa es exactamente la señal para plantearse un profesional en los papeles de confianza: un abogado o un despacho pueden ocupar el primer anillo de quien lo necesite. Nadie tiene que hacer esto solo, y esta página lo demuestra sobre el papel.