Fermín tenía setenta y dos años y estaba orgulloso de haberse quitado casi quince kilos en pocos meses. Se le veía más pequeño. El cinturón tenía agujeros nuevos. Y entonces se agachó a recoger una cuchara del suelo de su cocina y no fue capaz de volver a levantarse. «Perdí el peso», contó después, «y perdí con él la mitad de lo que podía hacer.»
De eso trata este libro. Después de los sesenta, «adelgazar» y «estar más sano» dejan de ser la misma frase, y la diferencia es el músculo. Una dieta agresiva se lleva por delante justo aquello que le mantiene firme sobre los pies, le hace recuperarse rápido de una enfermedad y le permite levantarse del suelo sin pensarlo. Se puede acabar más ligero y más débil a la vez, y esa nunca fue la idea.
La buena noticia, la honesta, es que las costumbres que protegen su músculo son más amables que las que exige una dieta dura. Más proteína en las comidas, no menos comida. Movimiento que puede sostener. Un cambio lento que su cuerpo asimila sin hacer sonar las alarmas.
Diez capítulos recorren si adelgazar es siquiera su objetivo, el plan para conservar el músculo, las comidas que sacian de verdad, cómo organizar la cocina para necesitar menos fuerza de voluntad, la actividad que no pasa por ningún gimnasio, por qué la báscula miente, los estancamientos, el mantenimiento como etapa propia, las comidas familiares y los viajes, y el momento exacto en que hay que meter en la sala a un médico o a un dietista-nutricionista.
Unas 30.000 palabras, con ilustraciones cálidas a lo largo del libro. Al final: un plan de 30 días con una acción pequeña al día; fichas y plantillas reutilizables; frases cálidas y firmes para la mesa; un guion para la consulta; una ficha del círculo de apoyo; una tarjeta de consulta rápida para el cajón, con los teléfonos útiles en España; un glosario breve; y fuentes en lenguaje llano.
Este libro no le va a dar una cifra ni un plazo. No hay objetivos de calorías, ni gramos que alcanzar, ni promesas sobre kilos. Esas cosas pertenecen a usted y a los profesionales que conocen su cuerpo.