Lectura gratuita
Prediabetes: su siguiente paso por dentro
Los 10 capítulos: con qué empieza cada uno, qué preguntas responde y la pequeña cosa que hacer al terminarlo. En el libro son unas 28,000 palabras.

Capítulo 1 · unas 1,700 palabras
Qué significa la prediabetes
Empieza así Charo se enteró en el aparcamiento del supermercado.
Qué responde
- ¿La prediabetes siempre se convierte en diabetes?
- No. Ese es uno de los mitos más persistentes y más dañinos de todo este asunto, y lo desmontaremos como es debido más adelante. Por ahora, sepa que sencillamente no es cierto. Mucha gente nunca da ese paso, y los hábitos cotidianos de estas páginas tienen mucho que ver. Es un riesgo que hay que tomarse en serio, no un destino que haya que aceptar.
- Yo me encuentro perfectamente. ¿Cómo va a pasarme algo?
- Porque esta etapa normalmente no da ningún síntoma, que es precisamente por lo que se encuentra en un análisis rutinario y no porque uno se sienta enfermo. Encontrarse bien es una buena noticia, no una contradicción. Significa que llega a esto temprano, antes de que sea de la clase de cosas que se notan.
Cuando lo haya terminado
Hoy no cambie absolutamente nada de su alimentación. En vez de eso, coja un papel y escriba arriba una pregunta: ¿Cuáles son mis cifras, qué significan en mi caso y qué es lo que más me ayudaría? Esa es la pregunta para su próxima cita. No tiene que resolver nada todavía. Solo tiene que saber con qué está trabajando de verdad, con las palabras de su médico y no con las de sus miedos.

Capítulo 2 · unas 1,900 palabras
Los hidratos de carbono sin miedo
Empieza así Salvador, setenta y un años, se pasó cuarenta detrás de un obrador.
Qué responde
- ¿La fruta está prohibida porque es azúcar?
- No, y esto preocupa a mucha gente sin necesidad. La fruta entera viene con fibra, con agua y con un montón de cosas buenas, y para la mayoría es una amiga, no una amenaza. El zumo es otro animal, porque le han quitado la fibra y el azúcar llega deprisa, así que la fruta entera suele ser la opción más tranquila. Pero una naranja no es una chocolatina, diga lo que diga internet. Si su situación exige un cuidado especial con la fruta, eso es una conversación con su equipo sanitario sobre su cuerpo, no una norma para todo el mundo.
- ¿Tengo que renunciar al pan, al arroz y a la pasta para siempre?
- Casi con toda seguridad no. Para la mayoría, el objetivo son raciones más pequeñas, versiones mejores donde pueda permitírselas y buena compañía en el plato, no una prohibición vitalicia. Las prohibiciones para siempre son justamente los planes que la gente rompe. Un ajuste pequeño y permanente gana a uno heroico y temporal todas las veces.
Cuando lo haya terminado
En su próxima comida que lleve un hidrato, no quite nada. Añada solo una cosa que lo frene: unas nueces, un huevo, unas cucharadas de legumbre, algo de verdura, lo que tenga a mano. Fíjese en que no ha sacrificado nada. Solo le ha dado compañía al hidrato. Ese único gesto, convertido en costumbre, es una pieza real del trabajo, y jamás le pidió pasar hambre.

Capítulo 3 · unas 1,800 palabras
El plato equilibrado
Empieza así Amparo cocina ya para una. Tiene sesenta y seis años, perdió a su marido hace cuatro y durante mucho tiempo después apenas cocinó: una tostada para cenar, cereales a horas raras, lo que fuera rápido y no exigiera compañía en la mesa.
Qué responde
- ¿Y si como sobre todo platos de cuchara —guisos, potajes, cocidos— donde nada está separado en cuartos ordenados?
- Entonces calcule las proporciones dentro de la olla en lugar de en el plato. ¿Es sobre todo verdura, legumbre y carne con algo de arroz o de patata por dentro? Bien, es una olla equilibrada. ¿O es sobre todo pasta con un poco de salsa? Pues añada una guarnición de verdura y arreglado. La idea de mitad, cuarto y cuarto funciona igual de bien removida que servida por separado.
- ¿Necesito alimentos especiales para diabéticos o ingredientes caros para hacer esto?
- En absoluto, y por favor no se gaste el dinero en productos vendidos como «para diabéticos», que muchas veces no son mejores y cuestan más. Este método entero funciona con la compra corriente: verdura congelada, legumbre seca o de bote, huevos, avena, lo que esté barato y haya donde usted compra. El plato equilibrado se diseñó para montarse con un presupuesto normal, porque casi todos tenemos uno.
Cuando lo haya terminado
En su próxima comida, antes del primer bocado, mire el plato y pregúntese dónde está la verdura. Si falta o es minúscula, añada algo, aunque sea un puñado de guisantes congelados, aunque sea un tomate cortado al lado. No tiene que arreglar el plato entero hoy. Muévalo un punto hacia esa forma de mitad, cuarto y cuarto y fíjese en que sigue pareciendo una cena. Siempre lo parece.

Capítulo 4 · unas 1,900 palabras
El movimiento y el azúcar en sangre
Empieza así Paco tiene setenta y ocho años y sus rodillas están, en sus palabras, «sujetas con ilusión e ibuprofeno».
Qué responde
- ¿Cuánto después de comer debería moverme, y no me sentará mal?
- Un paseo suave poco después de comer es lo que a mucha gente le resulta más útil, y «suave» es la palabra clave: hablamos de un paseo, no de una marcha, así que no debería sentarle mal. Si le sienta mal, afloje y pruebe con un ritmo más lento o una distancia más corta. Y como con todo lo físico, si tiene problemas de corazón, de equilibrio u otras enfermedades, consulte con su médico qué actividad es segura en su caso concreto. La idea general es suave y después de comer; su versión particular es una conversación con su equipo sanitario.
- Tengo artrosis y hay días en que me duele todo. ¿No empeora el movimiento eso?
- Es una preocupación razonable, y la respuesta honrada es que el movimiento suave y regular suele ayudar más a las articulaciones rígidas y doloridas que el reposo, aunque hay un arte real en encontrar la raya para cada cuerpo. Aquí es exactamente donde un fisioterapeuta se gana el sueldo. Por favor, no tome el dolor como prueba de que el movimiento está fuera de su alcance, pero sí busque a un profesional que le ayude a encontrar la versión que le ayuda en vez de hacerle daño.
Cuando lo haya terminado
Después de su próxima comida, sea cuando sea, levántese y muévase dos minutos. No diez. Dos. Vaya al final del pasillo y vuelva, o marche suavemente en la butaca, o pasee mientras enjuaga un plato. Dos minutos son lo bastante poco como para que ninguna excusa sobreviva, y son reales. Acaba de ayudar a la comida a bajar. Mañana puede volver a hacerlo.

Capítulo 5 · unas 2,000 palabras
Peso y músculo
Empieza así Carmen, sesenta y nueve años, lleva casi toda su vida adulta en guerra con la báscula del baño, y está cansada.
Qué responde
- ¿Es realista adelgazar a mi edad, con mi metabolismo?
- Los cambios pequeños y sostenidos son realistas a cualquier edad, y recuerde que el objetivo aquí es modesto, no dramático, y muchas veces más de músculo que de kilos. Puede que su cuerpo responda más despacio que a los cuarenta —eso es real—, pero responde. Y aunque su peso apenas cambie, la fuerza que construya ayuda a su azúcar y a su vida diaria igualmente. Esto no es un juego de jóvenes del que usted se haya salido por edad.
- He oído que el músculo pesa más que la grasa; entonces, ¿reforzarme hará subir la báscula y significará que estoy fracasando?
- La báscula puede quedarse quieta o incluso subir un poco mientras construye músculo, y eso no es fracaso: muchas veces es éxito con un disfraz que la báscula no sabe leer. Por eso mismo seguimos la fuerza, cómo queda la ropa y la energía en lugar de adorar el número. Una báscula estable con una cinturilla más holgada y unas escaleras más fáciles es un buen resultado, diga lo que diga el número.
Cuando lo haya terminado
Busque una silla firme. Siéntese y levántese, despacio y con control, cinco veces seguidas, usando las piernas en vez de empujarse con los brazos si puede. Fíjese en cómo se siente. Eso es entrenamiento de fuerza, ahí mismo, sin gimnasio. Hágalo otra vez mañana. Esa cosa pequeña y poco lucida es usted diciéndoles a sus músculos que se les sigue necesitando, un mensaje que merece la pena mandar casi todos los días durante el resto de su vida.

Capítulo 6 · unas 2,200 palabras
Sueño, estrés y rutina
Empieza así Julián, sesenta y cinco años, llevaba dos sin dormir una noche entera.
Qué responde
- ¿De verdad el estrés cambia mi azúcar, o eso es una excusa?
- Es real, no una excusa: las hormonas del estrés influyen en el azúcar en sangre, y por eso un estrés fuerte y sostenido puede trabajar en su contra aunque coma con cuidado. Eso no quiere decir que el estrés sea toda la historia ni que se le pueda echar la culpa de todo, pero es un factor genuino que merece tomarse en serio y merece mencionarse en la consulta, sobre todo si su vida está cargada ahora mismo.
- Siempre he dormido mal. ¿Ya es tarde para que importe?
- No es tarde para que las mejoras pequeñas ayuden, y hasta unas ganancias modestas de sueño alivian algo. Puede que nunca llegue a ser un dormilón de campeonato, y no pasa nada: buscamos mejor, no perfecto. Además, algunos problemas de sueño tienen soluciones médicas concretas, así que si el suyo es grave o es nuevo, merece la pena sacarlo con su equipo sanitario en vez de archivarlo en «yo soy así».
Cuando lo haya terminado
Esta noche elija una sola cosa que señale que el día se acaba, y hágala. Baje las luces una hora antes. Deje el móvil en otra habitación. Siéntese en algún sitio tranquilo con una bebida caliente diez minutos sin nada que conseguir. No va a arreglar su sueño esta noche. Le está mandando a su cuerpo una señal pequeña de que descansar está permitido, y esa señal, repetida, vale más de lo que parece.

Capítulo 7 · unas 1,800 palabras
Seguimiento y revisiones
Empieza así Pilar, setenta y dos años, lo hizo todo bien durante seis meses y estuvo a punto de abandonar por culpa de un número.
Qué responde
- ¿Cómo sabré si mi esfuerzo está funcionando si el número no baja?
- Pregúntele a su médico directamente por la tendencia y no por el resultado suelto, y preste atención a las cosas que un análisis no mide: su energía, su fuerza, cómo le queda la ropa, cómo se siente en las escaleras. Esas suelen mejorar antes de que el laboratorio lo refleje, y valen por sí mismas. Su médico puede ayudarle a ver si un número estable es en realidad una victoria silenciosa. Esa es exactamente la clase de pregunta que merece decirse en voz alta.
- ¿Cada cuánto deberían revisarme?
- Eso es genuinamente decisión de su médico y depende de su situación concreta, así que pregúntelo y apunte la respuesta; luego ponga la próxima revisión en el calendario antes de salir. No hay ningún calendario universal que este libro pudiera darle con honestidad, y quien le entregue uno sin conocer su historia está adivinando. Su equipo sanitario marca el ritmo; su trabajo es no faltar a las citas.
Cuando lo haya terminado
Averigüe cuándo toca su próxima revisión. Si lo sabe, apúntelo en un calendario que vaya a mirar. Si no lo sabe, deje una nota donde la vea para llamar y preguntar. Ese pequeño gesto —fijar el capítulo siguiente en vez de dejar que se diluya— es casi todo lo que exige un buen seguimiento. El resto es presentarse con sus preguntas.

Capítulo 8 · unas 1,900 palabras
Su plan sostenible de prevención
Empieza así Jaime conduce un camión, o lo condujo, durante treinta y un años, y le dirá que el sector entero funciona a base de comida de gasolinera y poco sueño.
Qué responde
- ¿Y si solo puedo con un cambio pequeño? ¿Merece siquiera la pena?
- Sí, genuinamente: un cambio pequeño sostenido durante años hace un trabajo real, y es el punto de partida honrado para casi todo el mundo. Un cambio que dura gana a cinco que se derrumban. Empiece por lo más sostenible, deje que se asiente, y siempre podrá añadir otro cuando esté listo, y solo entonces. No hay un mínimo que haya que alcanzar para que esto cuente.
- ¿Cómo sigo cuando se me pase el susto inicial y deje de importarme tanto?
- Justo por eso el plan se apoya en hábitos pequeños anclados a rutinas que ya existen y no en la motivación, porque la motivación siempre se enfría y usted necesita algo que funcione sin ella. Cuando la preocupación se enfríe, el paseo que enganchó a su café de la mañana seguirá pasando, porque está cosido a algo que usted haría de todos modos. Ese es el diseño. Está hecho para sobrevivir al día en que deje de importarle.
Cuando lo haya terminado
Elija un cambio, el más pequeño que se le ocurra que aún cuente, y decida de qué hábito existente lo va a colgar. Dígalo en voz alta con esta forma: «Después de ______, voy a ______». Ese es su plan entero por ahora. Una cosa pequeña, enganchada a algo que ya hace. No añada una segunda todavía. Deje que esta se vuelva aburrida primero.

Capítulo 9 · unas 1,900 palabras
Comer fuera, viajes y celebraciones
Empieza así Dolores vive por las comidas de hermandad de su parroquia.
Qué responde
- ¿Qué hago cuando alguien me insiste con la comida y no acepta un no?
- Manténgase ligero y repítase sin dar explicaciones de más: un «está buenísimo, ya he comido de sobra» dicho con calor y más de una vez resuelve a casi todos los insistentes, y no hace falta revelar su salud para que funcione. Si es un familiar cercano que se siente de verdad dolido, unas palabras tranquilas lejos de la mesa —«me ha encantado, es solo que últimamente como un poco distinto, no tiene nada que ver con tu comida»— suelen arreglarlo. Usted decide lo que hay en su plato.
- Si me voy dos semanas de vacaciones, ¿echaré a perder todo lo avanzado?
- Casi con toda seguridad no, porque el avance vive en sus meses y sus años de hábitos corrientes, no en dos semanas de vacaciones. Disfrute del viaje, meta algo de movimiento donde salga de forma natural y retome su ritmo al volver. Tenerle tanto miedo a unas vacaciones es buena señal de que ha hecho sus hábitos cotidianos demasiado rígidos: aflójelos y deje que el viaje sea un viaje.
Cuando lo haya terminado
Piense en la próxima comida social o en el próximo viaje que tenga en el calendario y elija un solo gesto suave que se va a llevar. Llenar medio plato con lo ligero primero. Meter unos frutos secos en el bolso. Dar un paseo después de la comilona. Un gesto, elegido de antemano para no decidir con hambre. Y luego vaya y disfrute de verdad. Esa es la habilidad entera.

Capítulo 10 · unas 1,800 palabras
Preguntas para su próxima revisión
Empieza así Enrique, setenta y cuatro años, se queda callado en las consultas.
Qué responde
- ¿Y si mi médico parece agobiado y me da apuro ocuparle tiempo con preguntas?
- Lleve las preguntas escritas y entrégueselas o léalas al principio del todo, antes de que la visita se le escape: eso respeta el tiempo de todos y asegura que lo importante se trate. Si de forma constante siente que no hay hueco para preguntar nada, eso merece notarse, y quizá merezca preguntar si la enfermera de familia, una consulta de enfermería o una cita más larga podrían darle el espacio que necesita. Entender su propia salud no es un lujo que se cuele si sobra tiempo.
- ¿Y si no entiendo la respuesta que me dan?
- Dígalo, sin rodeos. «No lo he seguido, ¿me lo puede decir más sencillo?» es algo perfectamente razonable de decir, y cualquier buen profesional prefiere explicarlo dos veces a que usted salga confundido. También puede pedir que se lo escriban, o ir acompañado de alguien que escuche. No entender no es un fallo suyo; es una señal de que la explicación necesita otra pasada, y usted tiene derecho a pedirla.
Cuando lo haya terminado
Coja una ficha o cualquier trozo de papel y escriba las tres preguntas que más quiere que le contesten en su próxima cita. Solo tres. Deje el papel donde lo vaya a encontrar —en la cartera, en la nevera, junto a las llaves— para que viaje con usted a la consulta. Acaba de hacer lo más útil de todo este capítulo, y le ha costado dos minutos.

Prediabetes: su siguiente paso
La prediabetes es un semáforo en ámbar, no un stop: aquí tiene qué hacer a continuación, con calma y sin ponerle la vida del revés.