Lectura gratuita
El siguiente capítulo por dentro
Los 12 capítulos: con qué empieza cada uno, qué preguntas responde y la pequeña cosa que hacer al terminarlo. En el libro son unas 27,900 palabras.

Capítulo 1 · unas 1,600 palabras
Entender el cambio de identidad
Empieza así Mercedes aguantó once días antes de que le pasara, y le pasó en el pasillo de los cereales.
Qué responde
- ¿Cuánto dura esta sensación de estar a la deriva?
- No hay un reloj fijo, y quien le dé un número redondo está adivinando. Para mucha gente, la parte más aguda se va suavizando a lo largo de los primeros meses, según van arraigando los ritmos nuevos. Si no se suaviza en absoluto, si pasan semanas sin ningún alivio y la desgana lo ha empapado todo, eso merece que se lo cuente a su médico de cabecera. Un tránsito corriente y algo más pesado pueden parecerse mucho desde dentro, y un profesional sabe distinguirlos de una manera en que un libro no puede.
Cuando lo haya terminado
Haga la página de dos columnas. Diez minutos, una hoja de papel. A la izquierda, los papeles que le dio el trabajo; a la derecha, las cualidades que son sencillamente usted. Cuando termine, lea solo la columna derecha en voz alta, despacio. Con esa columna va a trabajar durante el resto del libro, y es mejor punto de partida de lo que cree.

Capítulo 2 · unas 1,800 palabras
Separar lo que hacía de quien es
Empieza así Julián seguía llevando encima las tarjetas.
Qué responde
- ¿Y si de verdad me encantaba mi trabajo y nada volverá a parecerme tan importante?
- Entonces tuvo suerte, de verdad: la mayoría de la gente no consigue un trabajo que ame. Pero amar una expresión de usted mismo no significa que fuera la única posible. Las cualidades que hacían que aquel trabajo tuviera sentido para usted (el cuidado, el oficio, la resolución de problemas) son la parte que da sentido, y encontrarán otro cauce si las deja. Puede que no se sienta idéntico. Puede seguir sintiéndose real. Dese más de un mes decepcionante antes de decidir que ya nada volverá a importarle.
Cuando lo haya terminado
Termine las cuatro frases de arriba, en voz alta o por escrito. Preste atención especial a la última, la de dónde podrían aparecer ahora esas mismas cualidades. No se comprometa a nada. Solo permítase ver, por escrito, que lo mejor de lo que usted era en el trabajo nunca fue realmente el trabajo. Era usted, y se lo trajo entero a casa.

Capítulo 3 · unas 1,700 palabras
Construir una semana que dé forma a su vida
Empieza así Yolanda lo notó primero en los platos. Cuarenta años clasificando cartas en Correos la habían convertido en una mujer de rutinas: en pie a las cinco, fuera de casa a las seis, de vuelta a las tres, cena a las nueve, a la cama a las once.
Qué responde
- ¿No es un horario justo lo que quería dejar atrás al jubilarme?
- Usted se jubiló para escapar del horario de otros, el que servía a la empresa y le dejaba a usted molido. Esto es lo contrario: una forma que diseña alrededor de lo que le alimenta, que puede cambiar cualquier semana y que no le rinde cuentas a nadie. La estructura no es enemiga de la libertad. La deriva sin forma sí. Un ritmo elegido es la manera de disfrutar la libertad en vez de solo soportarla.
- Pongo anclas y luego no me apetece ir. ¿Entonces qué?
- Común, sobre todo al principio, y sobre todo en los días bajos, que son justo los días en que el ancla más ayuda. Esta es la razón entera de que las anclas impliquen a otras personas o un sitio: para que presentarse no dependa de cómo se levante uno esa mañana. Vaya igualmente, casi siempre. La motivación suele llegar después de aparecer, no antes, que es al revés de lo que todo el mundo espera. Si el no querer ir se ha endurecido en un no querer hacer nada, durante semanas, esa es otra señal, y merece una conversación con su médico de cabecera.
Cuando lo haya terminado
Elija un ancla, solo una, y métala en la semana que viene a una hora fija, a ser posible algo con otras personas o con un motivo para salir de casa. Escríbala en un calendario de verdad donde la vaya a ver. No construya la semana entera todavía. Con un poste firme clavado en el suelo basta para empezar a montar la tienda.

Capítulo 4 · unas 1,700 palabras
Encontrar un propósito sin sustituir el antiguo empleo
Empieza así Javier intentó sustituir su carrera por un negocio nuevo, y estuvo a punto de costarle el primer buen año de su jubilación.
Cuando lo haya terminado
Piense en una persona concreta que esta semana podría aprovechar de verdad algo que usted tiene: una hora, un viaje en coche, una destreza, una llamada, una comida hecha en casa. Ofrézcaselo, con sencillez y sin ceremonias. No le dé vueltas a si es «suficiente». Un acto real de utilidad hacia una persona real es donde empieza el propósito, siempre, para todo el mundo.

Capítulo 5 · unas 1,800 palabras
Reconstruir la amistad, la pertenencia y la comunidad
Empieza así Pilar hizo la cuenta una tarde y se asustó.
Qué responde
- ¿No es un poco patético buscar amigos a mi edad?
- En absoluto, y creer que sí es lo que mantiene aislada a más gente buena que ninguna otra cosa. Todos los de su edad están en el mismo barco, la mayoría igual de reacios a reconocerlo. Quien da el primer paso no es el desesperado: es el valiente que hace lo que todos desean en secreto que alguien haga. Usted pensaría bien de alguien que le buscara a usted. Los demás piensan lo mismo de usted.
Cuando lo haya terminado
Busque una actividad de grupo que se repita con regularidad y que empiece en las próximas dos semanas: una clase, un turno de voluntariado, un grupo de paseo, una misa, cualquier cosa con las mismas personas cada vez. Apúntese, o simplemente vaya una vez. No tiene que encantarle ni comprometerse. Solo tiene que ponerse donde las mismas caras puedan volverse familiares. Ese es el motor entero de la pertenencia, y acaba de arrancarlo.

Capítulo 6 · unas 1,600 palabras
Renegociar la pareja y la vida familiar
Empieza así Marisa quería mucho a su marido y, seis semanas después de que los dos se jubilaran, estaba a punto de ponerse a gritar.
Qué responde
- Mi pareja no quiere tener la conversación: dice que todo está bien mientras se ve que está rumiando. ¿Y ahora qué?
- No puede obligar a nadie a hablar, pero sí puede abaratar la conversación. Escoja un momento tranquilo, no un momento de chispa, y arranque por lo que usted necesita en vez de por lo que el otro hace mal: «Me he dado cuenta de que yo necesito más rato a solas del que esperaba, y no es por nada que tú hayas hecho» se escucha mucho mejor que «siempre estás en medio». Si el malestar o el resentimiento siguen creciendo y de verdad no consiguen hablarlo, unas pocas sesiones con un psicólogo que trabaje con parejas no son señal de fracaso: son un árbitro con oficio, y ayudan.
- ¿Cómo pongo límites con mis hijos sin hacerles daño ni parecer egoísta?
- Formule el límite como lo que sí puede dar con gusto, no como lo que rechaza. «Me encantaría quedarme con los nietos los miércoles, y ese va a ser nuestro día especial» ofrece algo real mientras cierra con suavidad la puerta al todos los días. La mayoría de las familias se adaptan bien en cuanto conocen la forma concreta de su disponibilidad. Solo insisten cuando es vaga. Claro y cálido gana a vago y resentido, siempre.
Cuando lo haya terminado
Elija la relación más afectada por su cambio de rutina: pareja, cónyuge, un familiar, quien haya notado más el vuelco. Nombre, primero solo para usted, una cosa que necesita que sea suya y una cosa que de verdad le gustaría compartir a propósito. Esa es la materia prima de la conversación. Tenerlo claro en su propia cabeza es lo que le permitirá entrar en esa charla tranquilo en lugar de irritado.

Capítulo 7 · unas 1,600 palabras
Mirar de frente la edad, la visibilidad y la confianza
Empieza así Carmen se sintió desaparecer en una ferretería, precisamente.
Qué responde
- ¿No es un poco vanidoso, a mi edad, querer que me sigan viendo y admirando?
- Querer ser vista y querer contar no es vanidad: es una de las necesidades más humanas que existen, y no caduca a los sesenta. No hay nada de qué avergonzarse. La versión insana es perseguir el tipo de visibilidad de antes (el rango, la admiración por el estatus) y lamentar eternamente que se haya ido. La versión sana es encontrar formas nuevas y más verdaderas de ser vista y de contar, para la gente que le importa y por lo que de verdad es. La misma necesidad, mejor apuntada.
- ¿Y si mi confianza se ha ido de verdad y no consigo recuperarla?
- Dele tiempo de verdad y hacer de verdad: la confianza se reconstruye despacio, con acción, no esperando a sentirse preparada. Empiece por una cosa pequeña en la que pueda mejorar de forma demostrable y deje que las pruebas se acumulen. Pero si lo que describe es menos «insegura» y más una sensación persistente de no valer nada, una convicción pesada de que usted no importa y no importará nunca, eso va más allá de un bajón de confianza y merece una conversación con su médico de cabecera o con un psicólogo. Ese sabor concreto de tristeza es algo que saben aliviar de verdad, y no hay que ganarse la ayuda sufriendo más tiempo primero.
Cuando lo haya terminado
Elija una cosa pequeña que le gustaría saber hacer y todavía no sabe, y en la que probablemente será mala al principio: un instrumento, un oficio manual, un idioma, una destreza. Dé el primer paso mínimo esta semana, a propósito, como principiante, sin ninguna expectativa de hacerlo bien. En realidad no está aprendiendo esa cosa. Se está demostrando que sigue siendo alguien que crece, que es donde vive de verdad la confianza.

Capítulo 8 · unas 1,500 palabras
Aprender, crear y aportar de otras maneras
Empieza así Héctor se pasó toda su vida laboral arreglando las máquinas de otros y no hizo nunca nada que fuera puramente suyo.
Qué responde
- ¿Y si pruebo cosas y ninguna me engancha ni me encaja?
- Entonces ha hecho exactamente lo correcto, porque encontrar lo que encaja es un proceso de probar y descartar, no un único acierto afortunado. Dese permiso total para catar y para dejarlo. El taller de costura que odió no fue tiempo perdido: le dijo algo cierto. Siga catando. La cosa que le agarra y no le suelta suele estar a unos cuantos experimentos de distancia, y solo se llega a ella pasando por los que no.
Cuando lo haya terminado
Apunte una cosa, solo una, que le encantara de joven antes de que las responsabilidades la taparan, o una sobre la que siempre haya tenido una curiosidad callada. Dé hoy mismo el paso más pequeño posible hacia ella: busque un curso para principiantes, compre la versión más barata del material, mire a alguien hacerlo, pregunte a una persona que lo haga. No es un compromiso. Es solo una puerta, abierta una rendija. A ver qué luz entra.

Capítulo 9 · unas 2,100 palabras
Atravesar el duelo, los cambios de salud y la jubilación no elegida
Empieza así Antonio no eligió su jubilación. Le eligió ella, un martes, en forma de infarto que le dejó en una cama de hospital a los sesenta y seis y con un cardiólogo diciéndole, con amabilidad y con firmeza, que el trabajo de jef
Qué responde
- ¿Cómo sé si esto es un duelo normal o algo para lo que necesito ayuda?
- Una guía aproximada, que no es un diagnóstico: el duelo normal viene en oleadas y se va suavizando despacio y de forma desigual, y aun en lo más hondo todavía se atisban momentos de conexión o de alivio. El que necesita ayuda profesional tiende a quedarse plano y pesado sin ceder, corta la comida, el sueño y el funcionamiento durante un tramo largo, o trae pensamientos de no querer estar aquí. En la duda, pregunte a su médico de cabecera: para eso está, y consultar no cuesta nada. Nunca hace falta ganarse la ayuda estando lo bastante mal primero.
- Yo no elegí este final y estoy furioso. ¿Está mal?
- En absoluto. La rabia ante una pérdida injusta y no elegida es de las respuestas más naturales que hay, y tragársela suele hacer que se escape de lado o que se asiente en algo más pesado. La tarea no es no sentirla. Es darle un sitio seguro adonde ir, en voz alta, con un psicólogo, un grupo de apoyo, un amigo de confianza, un cuaderno, para que le atraviese en vez de endurecerse dentro. La rabia que se escucha y se dice tiende a ablandarse. La que se traga tiende a enquistarse.
Cuando lo haya terminado
Si está en una temporada dura, nombre una persona o un número al que podría acudir: un amigo que sepa escuchar, un psicólogo, su médico de cabecera, un grupo de apoyo, o la Línea 024. Solo identifíquelo, y escríbalo en un sitio donde vaya a encontrarlo un mal día. No tiene que llamar hoy. Solo tiene que saber, antes de necesitarlo, que la puerta existe y que es suya para cruzarla.

Capítulo 10 · unas 1,600 palabras
Diseñar el siguiente capítulo a propósito
Empieza así Lourdes tuvo un bote en el alféizar de la ventana durante su primer año de jubilación, y le cambió la manera de pensar en todo el tramo de vida que tenía por delante.
Qué responde
- ¿Planificar el siguiente capítulo no va a decepcionarme cuando la vida no coopere?
- Un diseño no es una garantía, es una dirección, y las direcciones sobreviven a la decepción mucho mejor que los planes rígidos. La vida va a interrumpir; la salud y las circunstancias siempre votan. Pero tener una idea aproximada de hacia dónde va le permite ajustar y volver a apuntar en lugar de quedarse a la deriva cuando algo cambia. Quienes no tienen ninguna dirección no se ahorran la decepción: solo se quedan sin nada hacia donde volver cuando pasa la tormenta. Apunte con holgura, sosténgalo con mano ligera y vuelva a apuntar cuando haga falta.
Cuando lo haya terminado
Rellene el marco de cinco partes de arriba, a grandes rasgos, de una sentada, diez minutos, sin buscar la perfección. Después elija lo más fácil de la lista y dé un paso pequeño hacia ello esta semana. Acaba de empezar a diseñar el siguiente capítulo en vez de esperar a ver qué le hace. Ese giro, de esperar a llevar el timón, es todo el sentido del libro, llegando justo a tiempo.

Capítulo 11 · unas 1,800 palabras
El dinero, el estatus y el significado de «suficiente»
Empieza así Alberto tenía dinero suficiente y se sentía pobre igualmente, y tardó un año en entender por qué.
Qué responde
- ¿Cómo dejo de compararme con amigos que tienen más?
- Dándose cuenta de que la comparación es un juego sin meta: siempre hay alguien con más, así que nunca puede entregar el contento que promete, a ningún nivel. Quienes parecen tenerlo todo suelen estar corriendo la misma carrera angustiada un peldaño más arriba. Cambie «más que ellos» por «suficiente para mí», y la comparación pierde el poder calladamente porque usted ha dejado de jugar. No es fácil ni inmediato, pero es el único movimiento que funciona de verdad, y está plenamente a su alcance sea cual sea el número de la cuenta.
Cuando lo haya terminado
Escriba, en una frase honesta, qué aspecto tendría «suficiente» para usted: suficiente dinero, suficiente hacer, suficiente estar. Y después fíjese en cuánto de lo que ya tiene cumple ya eso. Esto no va de fingir que no hay necesidades reales. Va de ver con claridad qué es escasez auténtica, que se resuelve con ayuda auténtica, y qué es solo un marcador que tiene permiso para dejar de mirar.

Capítulo 12 · unas 1,700 palabras
Escribir su propia carta de intenciones
Empieza así Amparo escribió la suya en el reverso de una lista de la compra, y luego la pasó a limpio y la pegó dentro de la puerta del armario de la cocina, donde la vería cada mañana.
Qué responde
- ¿Y si lo que escribo cambia? ¿No quedará la carta equivocada?
- Va a cambiar, y así es como debe funcionar: una carta es una página viva, no una tabla de piedra, y revisarla según usted crece es señal de que está cumpliendo su función, no de que falle. Póngale fecha. Léala de vez en cuando. Reescríbala cuando deje de encajar. El valor no está en que las palabras se queden fijas. Está en el acto periódico de aclararse sobre quién es y hacia dónde va, que puede hacer tantas veces como su vida gire.
- ¿No es un poco exagerado escribir una carta de intenciones para mi propia jubilación?
- A Amparo también se lo pareció, justo hasta la primera mañana difícil en que la leyó y la sostuvo. Usted planificó y organizó cosas de verdadera importancia durante toda su vida laboral sin llamarlo excesivo. Esto es lo mismo, apuntado al proyecto más importante que le queda: el resto de su propia vida. Una hora dedicada a aclarar eso no es demasiado. Puede que sea lo menos excesivo del libro.
Cuando lo haya terminado
Escriba su carta. Use el marco de arriba, tómese veinte minutos, no busque que sea bonita, busque que sea verdadera. Después póngala donde vaya a verla: la puerta del armario, el espejo del baño, la contraportada de este libro. Ya ha hecho el trabajo del libro entero. Esto es reunirlo en una página que pueda llevarse a todas las mañanas corrientes y difíciles del capítulo que viene. Ahora es suya. Vaya a escribirla.

El siguiente capítulo
Reconstruya su identidad, su propósito y su sitio cuando ya no está el trabajo que contestaba a «¿y usted a qué se dedica?».