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Repensar la bebida después de los 60 por dentro

Los 10 capítulos: con qué empieza cada uno, qué preguntas responde y la pequeña cosa que hacer al terminarlo. En el libro son unas 28,500 palabras.

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Repensar la bebida después de los 60 — Una persona mayor elige una bebida sin alcohol y una rutina tranquila para la tarde, con el vino apartado y sin ningún juicio moral.

Capítulo 1 · unas 1,700 palabras

Por qué el alcohol cambia con la edad

Empieza así Amparo cumplió setenta y uno en primavera, y le dirá que en su forma de beber no ha cambiado nada.

Qué responde

¿Esto significa que tengo que dejarlo, ahora que una copa hace más?
En absoluto. Significa que una copa hace ahora lo que antes conseguía con más, y hay quien encuentra que eso es incluso una buena noticia: el mismo placer por menos. Lo que haga con esa información es enteramente suyo. Entender que el efecto es mayor solo le permite elegir a propósito en lugar de llevarse una sorpresa.
Llevo años bebiendo lo mismo sin problemas. ¿De verdad va esto conmigo?
Quizá poco, y quizá más de lo que cree. Los cambios que hemos descrito son graduales y fáciles de pasar por alto precisamente porque su cantidad se quedó quieta mientras su efecto subía. Mucha gente se encuentra bien y sencillamente quiere entender lo que está notando. Ese es un motivo perfectamente bueno para seguir leyendo, y ninguna razón para preocuparse.
Una amiga de mi edad bebe más que yo y está estupenda. ¿Por qué voy a darle vueltas si ella no se las da?
Porque los cuerpos son enormemente distintos, y lo que una persona maneja a los setenta otra no, según su salud, sus medicamentos, su constitución, sus genes. Compararse con una amiga no le dice casi nada útil sobre su propio cuerpo, que es el único en el que usted vive. La buena tarde de su amiga y la suya espesa pueden venir del mismo número exacto de copas, por razones que ninguna de las dos puede ver. La única comparación que importa es usted hoy frente a usted hace diez años, y la mirada honesta a cómo aterriza el alcohol en su cuerpo concreto.

Cuando lo haya terminado

No cambie todavía su forma de beber. Solo, esta noche o la próxima vez que tome algo, fíjese en una cosa honesta —cómo se siente treinta minutos después de la primera copa— y dígasela a sí mismo en una frase llana. «Más acalorada de lo que esperaba.» «Con más sueño del que quisiera.» «Bien, la verdad.» Esa única frase advertida es el cimiento sobre el que se construye todo lo demás. No se está juzgando. Por fin está mirando.

Una persona mayor sustituye una señal automática de beber por una rutina de tarde que la sostiene y por una bebida sin alcohol, en un tono que no juzga.

Capítulo 2 · unas 1,600 palabras

Saber lo que bebe de verdad

Empieza así Paco se pasó treinta y ocho años conduciendo camiones por toda la península, y es hombre que respeta una medida.

Qué responde

¿Y si la cifra de la semana me asusta?
Entonces le ha contado algo cierto, y está mejor sabiéndolo que sin saberlo. Un número no puede hacerle daño. Solo puede informarle. Y si es realmente alta, sobre todo si bebe a diario, esa es precisamente la situación en la que el siguiente movimiento correcto es una conversación tranquila con un médico y no una parada repentina, por razones que veremos en el capítulo 7. Conocer el número es cómo sabría siquiera que hay que tener esa conversación.
De verdad que no mido lo que me sirvo. ¿Tengo que comprar algo?
No. Una vez, solo una, sírvase su copa de siempre y luego viértala en la jarra medidora de la cocina para ver lo que cabe de verdad. Ese conocimiento se le queda en el ojo para siempre. No necesita medir cada consumición el resto de su vida. Necesita calibrar el ojo una sola vez, para que «una copa» signifique por fin algo real cuando lo diga.

Cuando lo haya terminado

Coja lo que use para la lista de la compra. Arriba escriba la fecha de hoy, y debajo empiece su diario de una semana con la próxima consumición que tome, anotada mientras se sirve, con tamaño y hora. No cambie nada esta semana. Solo mire y escriba. En siete días sabrá algo de su propia vida que ahora mismo solo está adivinando.

Una persona mayor resuelve la decisión práctica que representa «saber lo que bebe de verdad», con una secuencia clara, un entorno que la acompaña y utensilios corrientes.

Capítulo 3 · unas 1,900 palabras

Sueño, ánimo y energía

Empieza así Carmen, sesenta y nueve años, perdió a su marido hace dos, y en algún punto del largo silencio que vino después empezó a tomarse una copita de jerez antes de acostarse.

Qué responde

¿No dormiré peor sin la copa, al menos al principio?
Es posible, unas cuantas noches, sobre todo para quedarse dormido, porque su cuerpo se acostumbró al empujón del sedante. Es real y es pasajero. Dele más de dos o tres noches antes de juzgarlo, porque la mejora de la segunda mitad de la noche suele tardar un poco en aparecer y pesa más que el arranque difícil. Si el sueño sigue siendo genuinamente malo, eso ya merece comentarlo con su médico de cabecera, porque hay maneras más suaves y sin alcohol de ayudar a dormir que no le despiertan a las dos.
Mi ánimo bajo parece duelo, no bebida. ¿No lo es?
Puede ser perfectamente las dos cosas, y se alimentan la una a la otra. El duelo es real y merece cuidado real: de las personas, de un profesional, del tiempo. El alcohol puede sentarse encima del duelo y hacerlo más pesado mientras finge aligerarlo. Poner a prueba el alcohol no significa que el duelo no sea real. Significa que está quitando una cosa que quizá esté haciendo una temporada ya dura más dura de lo necesario. Y si el duelo es lo que de verdad pesa, en España no existe un único teléfono nacional del duelo, pero sí una escalera corta y honesta: Cruz Roja Te Escucha, 900 107 917, gratuito, de lunes a viernes de 10:00 a 14:00 y de lunes a jueves de 16:00 a 20:00; la Asociación Española Contra el Cáncer, 900 100 036, gratuito y disponible las veinticuatro horas si la muerte fue por cáncer; y el Teléfono de la Esperanza, 717 003 717, gratuito y abierto a cualquier hora del día o de la noche. Muchos centros del Teléfono de la Esperanza organizan además grupos de duelo presenciales en sus provincias.
¿No es una copa caliente antes de dormir un consuelo que me he ganado a mi edad?
Por completo, y puede conservar el consuelo sin conservar la parte que le destroza el sueño. El ritual —la taza caliente, el silencio, el acomodarse— es genuinamente reconfortante, y nada de ese consuelo venía del alcohol. Venía de la pausa y del calor. Una infusión sin cafeína le entrega la ceremonia entera y encima le deja dormir de un tirón. No se le está pidiendo que renuncie al consuelo que se ha ganado. Se le está ofreciendo el mismo consuelo con el despertar de las tres de la madrugada quitado, que es un trato mejor, no peor.

Cuando lo haya terminado

Mañana por la mañana, antes de salir del todo de la cama, póngale a la noche anterior dos números: uno de cuánto ha descansado y otro de su ánimo, sobre diez. Escríbalos en algún sitio. Hágalo tres mañanas, sin cambiar nada todavía, solo los números. Está construyendo el instrumento con el que va a comprobar si el alcohol es lo que se interpone entre usted y una noche decente. Ahora mismo está adivinando. Dentro de tres días tendrá datos.

Una persona mayor pone nombre a lo que siente y elige apoyarse en alguien, con el cuerpo tranquilo y una simbología que no estigmatiza.

Capítulo 4 · unas 1,600 palabras

Medicamentos y problemas de salud

Empieza así Vicente tiene setenta y ocho años, es más listo que el hambre y toma siete medicamentos, que según él es «la media de la partida de mus».

Qué responde

Me encuentro bien cuando bebo con mis pastillas. ¿No significa eso que va bien?
No necesariamente, y esta es la parte silenciosamente importante. Algunas de las peores interacciones —el sangrado de estómago, los efectos sobre los anticoagulantes, la acumulación lenta de un fármaco— no se anuncian con una sensación. Vicente se encontraba bien hasta el moratón. «Me encuentro bien» es información real sobre cómo se siente, y ninguna información sobre lo que ocurre donde usted no puede sentir. Justo por eso se pregunta en vez de suponer.
¿No está el farmacéutico demasiado ocupado para esto?
Forma parte de su trabajo, y a la mayoría le agrada hacerlo, porque es de las cosas para las que se formaron y que rara vez les piden. Puede incluso pasarse a una hora tranquila, a media mañana o a media tarde, cuando la farmacia está vacía. Diez minutos de la atención de un farmacéutico sobre sus cajas reales valen más que cualquier artículo general, porque van de usted.

Cuando lo haya terminado

Vaya a donde vivan sus medicinas y lea la etiqueta de una sola, buscando específicamente la palabra «alcohol». No actúe sobre lo que encuentre, solo fíjese en si está o no. Después ponga una goma alrededor de todas las cajas, o métalas en una bolsa junto a la puerta, para que la revisión con la bolsa pase a ser algo que ya ha empezado a medias en vez de algo que sigue teniendo pendiente. La bolsa junto a la puerta es el empujón que hace que se haga.

Una persona mayor prepara sus preguntas y una hoja breve de información antes de una cita médica, sin imágenes de diagnóstico.

Capítulo 5 · unas 2,000 palabras

Caídas, conducción y juicio

Empieza así Andrés tiene sesenta y tres años y sigue llevando a media jornada la contabilidad de dos negocios pequeños, cosa que menciona porque importa a cómo pensaba sobre todo esto.

Qué responde

Llevo cuarenta años volviendo a casa después de dos cervezas y nunca ha pasado nada. ¿Por qué cambiar ahora?
Porque el usted que conduce ha cambiado, aunque las dos cervezas no. El margen que gastaba hace cuarenta años era más ancho. El expediente limpio de Andrés no impidió su tiempo de lentitud, solo significaba que el jabalí aún no había aparecido. Un historial impecable es suerte más margen, y el margen es lo que se estrecha en silencio. Decidir por adelantado no le cuesta casi nada y le devuelve el margen.
¿Planificar una caída no es rendirse a ser viejo y frágil?
Es justo lo contrario. Quienes pierden la independencia por una caída son muy a menudo los que se sentían demasiado capaces como para preverla. Recoger la alfombra no es fragilidad. Es la misma previsión competente que aplicaría a cualquier otro riesgo que se toma en serio. Frágil es que le pillen sin preparar. Las luces buenas y el camino despejado son lo que le mantiene viviendo en sus propios términos.

Cuando lo haya terminado

Póngase una regla permanente, ahora mismo, en una sola frase, sobre beber y conducir, y decídala mientras tiene la cabeza clara. Escríbala donde vaya a verla, o dígala en voz alta para que sea real. «Si tomo algo, la vuelta a casa ya está arreglada.» Decidirlo ahora, sereno, es el truco entero. Después solo tendrá que seguir la regla en vez de tomar una decisión para la que ya no está en forma.

Una persona mayor realiza un movimiento seguro y funcional junto a un apoyo firme, en una casa luminosa o en un espacio comunitario.

Capítulo 6 · unas 2,000 palabras

Reducir

Empieza así Pilar tiene setenta y cuatro años, es viuda y vive sola en la casa donde crió a cuatro hijos.

Qué responde

¿Y si reducir no se sostiene y vuelvo a donde estaba?
Entonces eso es información real y útil, y no un veredicto sobre su carácter. Para algunas personas, sobre todo para quienes beben mucho, reducir es genuinamente más difícil que parar, y el deslizamiento repetido puede ser señal de que merece la pena una conversación con un médico o un profesional en lugar de otro intento en solitario. Eso no es fracasar. Es lo mismo que llamar al fontanero después del tercer intento con la llave inglesa: sensato, no vergonzante. El capítulo 7 y las páginas finales le señalan a quién llamar.
¿Tengo que decirle a la gente que estoy reduciendo?
No, salvo que quiera. Mucha sustitución discreta ocurre sin anunciar nada —un agua con gas en una copa de vino no provoca ningún comentario—, y en el capítulo 9 le daremos frases fáciles para los momentos en que alguien pregunte. Usted decide cuánta privacidad quiere. Es asunto suyo y de nadie más.
¿Ayudaría contárselo a una sola persona, aunque lo mantenga en privado por lo demás?
Para mucha gente, sí, discretamente y bastante. Hay algo en decir un plan en voz alta a una persona de confianza que lo hace más real y más fácil de sostener, no porque vaya a vigilarle, sino porque ha convertido una intención privada en algo presenciado. Elija a alguien amable que no lo convierta en un proyecto y cuéntele solo la versión llana: «Estoy intentando beber un poco menos, y me ayuda habérselo dicho a alguien». Nada más. Conserva toda su privacidad con los demás y gana una pizca de compañía amable que no cuesta nada ni exige nada. Pilar se lo contó a una hija, y decía que el «¿qué tal va?» de vez en cuando valía más que cualquier regla que se hubiera puesto ella sola.

Cuando lo haya terminado

Nombre su señal principal, en voz alta o sobre papel, en una sola frase concreta. No «bebo demasiado en general», sino el disparador exacto: «Es cuando la casa se queda callada después de cenar». Ese nombrar preciso es todo el comienzo. No se puede cambiar un surco que no se ve, y casi nadie ha dicho nunca su señal real sin rodeos. Diga la suya ahora.

Una persona mayor resuelve la decisión práctica que representa «reducir», con una secuencia clara, un entorno que la acompaña y utensilios corrientes.

Capítulo 7 · unas 2,100 palabras

Dejarlo y la seguridad en la abstinencia

Empieza así Ignacio tiene sesenta y ocho años, y durante mucho tiempo se bebió casi una botella de vodka al día.

Qué responde

¿Cómo sé si bebo lo bastante como para estar en riesgo, o si estoy exagerando?
No tiene que saberlo, y no debería intentar juzgarlo usted: para eso está exactamente el profesional. Si bebe a diario, o en cantidades grandes, o alguna vez se ha encontrado tembloroso, sudoroso o mal cuando no pudo beber durante un rato, esas son razones para preguntar en vez de adivinar. Equivocarse hacia la llamada de teléfono no le cuesta nada. Equivocarse hacia el otro lado es el error que a punto estuvo de costarle caro a Ignacio. En la duda, pregunte.
Si llamo a una línea o voy al médico, ¿pierdo el control de lo que me pase?
No. Una conversación es solo una conversación, y usted sigue siendo quien toma todas las decisiones sobre su vida y su atención. Una línea telefónica puede ser completamente anónima. Una consulta médica es privada y la dirige usted. Nadie toma el mando. Le informan y le ofrecen opciones, y todas las decisiones siguen en sus manos, que es exactamente como debe ser.

Cuando lo haya terminado

Si bebe mucho o a diario, haga hoy una sola cosa, la versión más pequeña posible del primer paso. Escriba en un papel el nombre de una persona a la que podría preguntar —su médico de cabecera, una línea de orientación, su centro de salud— y el teléfono, y déjelo donde vaya a verlo. No hace falta que llame hoy. Solo hace falta que haga la llamada posible teniendo el número a mano. Ese papelito es el principio, y es un principio valiente.

Una persona cuidadora y un familiar mayor comparten un plan de cuidados práctico que equilibra apoyo, independencia y descanso.

Capítulo 8 · unas 2,200 palabras

Una vida que necesita menos alcohol

Empieza así Teresa, setenta años, lo dijo mejor de lo que sabríamos decirlo nosotros.

Qué responde

He intentado construir cosas nuevas antes y no se sostienen. ¿Por qué iba a sostenerse esto?
Porque las va a construir en la ranura concreta que llenaba la bebida, a la hora concreta, que es muy distinto de un propósito difuso de «salir más». El grupo de caminar de las siete y media se sostiene porque las siete y media era el momento exacto de la señal antigua. Apunte lo nuevo con precisión al surco viejo, no a su vida en general, y tendrá dónde engancharse.

Cuando lo haya terminado

Elija la copa que más le gustaría cambiar y termine esta frase con honestidad, sobre papel o en voz alta: «Esta copa sirve sobre todo para ______». No juzgue la respuesta, sea cual sea. Solo consiga que el trabajo verdadero quede nombrado. La próxima vez se preguntará qué otra cosa podría hacer ese trabajo. Pero nombrar el trabajo es el movimiento que convierte la fuerza de voluntad en diseño, y puede hacerlo en los próximos treinta segundos.

Una persona mayor sustituye una señal automática de beber por una rutina de tarde que la sostiene y por una bebida sin alcohol, en un tono que no juzga.

Capítulo 9 · unas 1,900 palabras

Presión social, identidad y relaciones

Empieza así Tomás, sesenta y cinco años, se jubiló de una carrera en la que los tratos se cerraban delante de una copa, y le dirá que su forma de beber nunca fue realmente por el alcohol.

Qué responde

¿Y los amigos con los que lo único que comparto es beber? ¿Voy a perderlos?
Algunas amistades van más de la actividad de lo que a uno le gustaría pensar, y unas pocas pueden enfriarse si la bebida era el hilo principal, lo cual es real y a veces triste. Pero la mayoría sobrevive sin esfuerzo en cuanto usted está tranquilo con ello, porque iban de la persona y no de la copa. Y vale la pena preguntarse con suavidad si una amistad que no sobrevive a su tónica era tan sólida como usted creía. Las buenas se doblan para caber con usted.
No quiero ser el que sermonea sobre no beber. ¿Cómo lo evito?
Haciendo exactamente lo que teme no hacer: manteniéndolo sobre usted y manteniéndolo corto. La versión sermoneadora explica, se justifica y comenta las copas de los demás. La versión fácil pide su refresco, cierra el tema con una sonrisa y pregunta por los nietos. Nunca nadie se ha sentido incómodo por alguien que está tranquilamente a gusto con su propia decisión. Sea eso, y el sermón no llega a aparecer.
¿Y si el anfitrión soy yo, y mi gente espera una barra bien surtida?
Se puede ser un anfitrión generoso y cambiar igualmente lo que uno bebe, e incluso mover un poco la sala sin anunciar nada. Saque algo genuinamente apetecible que no lleve alcohol —una jarra de algo bien preparado, no una triste botella de agua en un rincón— y ofrézcalo primero, con la misma calidez con la que ofrecería vino. Muchos invitados, si les dan una opción sin alcohol que de verdad les apetezca, la cogen con gusto, porque bastantes de ellos también están replanteándose su propia forma de beber y solo necesitaban permiso. El tono de su casa lo pone usted. A nadie se le debe una botella concreta para sentirse bienvenido en su mesa, y la bienvenida nunca fue del alcohol de todos modos.

Cuando lo haya terminado

Elija su frase, la única que va a usar cuando alguien pregunte por qué no bebe, y dígala en voz alta ahora mismo, en la habitación, con su propia voz. «Últimamente me lo tomo con calma.» Escuche lo corriente que suena. Ese ensayo, a solas en su cocina, es lo que hace que salga fácil en la mesa más adelante, cuando importa y el momento va deprisa.

Personas mayores que se relacionan durante un paseo, una mesa compartida, una clase o una actividad de voluntariado, en un entorno comunitario acogedor.

Capítulo 10 · unas 1,900 palabras

Su plan de noventa días

Empieza así Rosario tiene setenta y dos años, y ya había leído entero un libro parecido a este, había asentido con todo, había estado de acuerdo con todo y no había cambiado nada.

Qué responde

Noventa días se me hacen largos. ¿No puedo ir más rápido?
Puede ir más rápido si le encaja, pero las fases existen porque las prisas son la forma más común de que esto fracase: cambiar antes de haber visto, esperar permanencia antes de que las cosas se hayan asentado. Lo lento no es aquí el camino pintoresco. Es el fiable. Quienes un año después siguen bebiendo como querían son casi siempre los que fueron sin prisa al principio.
¿Qué pasa después del día noventa?
Nada dramático, y esa es la gracia. El día noventa y uno es simplemente un día en el que usted vive de una manera algo distinta a como vivía, con costumbres que han tenido tiempo de fraguar. Hay quien hace otros noventa con un foco nuevo. La mayoría sencillamente vive en la versión que ha construido y la revisa de vez en cuando. No hay meta que cruzar ni medalla, solo una manera de beber, o de no beber, que por fin encaja con la vida que realmente tiene.
¿Y si llego al final y no estoy donde esperaba?
Entonces está más adelante que quien nunca empezó, y tiene información real sobre qué le funciona y qué no, que es exactamente sobre lo que construirá el siguiente tramo. «No donde esperaba» es un sitio normal en el que estar el día noventa, no un fracaso del plan. Quizá el cambio que eligió no era el adecuado, o el ritmo era demasiado rápido, o algo de debajo —una temporada dura, una pérdida, una soledad— necesita su propia atención primero. Todo eso es trabajable. Y si la respuesta honesta es que el cambio por su cuenta sigue chocando contra un muro, sobre todo si bebe mucho, el día noventa es un momento perfectamente bueno para meter a un profesional en lugar de volver a empezar el mismo plan en solitario. Eso no es rendirse. Es usar mejores herramientas para un trabajo que resultó necesitarlas.

Cuando lo haya terminado

Coja una hoja y escriba tres fechas: hoy, dentro de treinta días y dentro de sesenta. Al lado de hoy, escriba «empezar a mirar». Ese es todo el primer compromiso, y de verdad es todo lo que hace falta para empezar. Las otras fases estarán ahí cuando llegue. Noventa días empiezan con la cosa más pequeña que existe: una fecha y la decisión de mirar. Escríbalo.

Una persona mayor sustituye una señal automática de beber por una rutina de tarde que la sostiene y por una bebida sin alcohol, en un tono que no juzga.

Repensar la bebida después de los 60

La copa de antes de dormir que le ayudaba a dormir ahora le despierta a las cuatro. Este libro se lo toma en serio, y sin vergüenza.

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