After Sixty Guides Cesta

Lectura gratuita

Las primeras páginas de La tecnología sin complejos

El prólogo y la introducción, completos y gratis. Aquí es donde el libro decide si se ha ganado el resto de su atención.

A paperback held open at its first page, thumb holding it flat, the rest of the book still to come

Prólogo

Hay un momento pequeño y muy concreto que mucha gente de más de sesenta se sabe de memoria. Está usted en un mostrador, o al teléfono con una empresa, o con la invitación de la graduación de su nieto en la mano, y alguien le dice, con toda su buena intención: «uy, eso lo hace en la aplicación». Y el estómago se le cae medio dedo. No porque no pueda. Sino porque le están pidiendo, otra vez, que haga delante de otras personas algo que nadie le enseñó nunca a hacer, y la petición siempre llega cuando hay cola detrás.

Escribimos este libro para ese momento.

Esto es lo que hemos acabado creyendo después de muchísimas conversaciones de mesa de cocina con lectores de sesenta, setenta y ochenta años. Casi nadie tiene problemas con la tecnología porque le falle la cabeza o porque «no sea de tecnología». Los tiene porque estos aparatos los diseña gente joven, se prueban con gente joven y se rediseñan cada pocos meses sin aviso y sin explicación. Las instrucciones dan por sabidas cien cosas pequeñas que nadie enseñó jamás: dónde vive la flecha de volver, qué es un «navegador», por qué la misma palabra significa tres cosas distintas. Cuando un sistema es así de confuso y encima le hace sentirse tonto, la conclusión honesta no es «soy tonto». Es «esto estaba mal explicado». Sencillamente, llevaba usted mucho tiempo echándole la culpa a quien no era.

Ese único cambio de enfoque hace más bien que cualquier lista de pasos. Porque la vergüenza es el interruptor que lo apaga todo. La vergüenza es lo que hace que una persona le pase el móvil a un familiar en vez de intentarlo, lo cual alivia durante cuatro segundos y luego, en voz baja, le quita un pedazo más de independencia. El propósito de este libro es devolverle el intento. No que le guste la tecnología (tiene todo el derecho a encontrar buena parte de ella pesadísima), sino que le resulte corriente. Un martillo que se coge cuando hace falta y se deja cuando se termina, sin ceremonia y sin miedo.

Vamos a ser honestos con las partes difíciles, porque fingir que no existen es otra forma de condescendencia. Las contraseñas son un desastre de verdad, y le daremos una salida que no dependa de su memoria. Las pantallas cambian sin motivo, y le enseñaremos a orientarse igualmente. Algunas de las personas que se ofrecen a «ayudar» están montando una estafa con voz amable, y aprenderá a verles el plumero sin acabar teniéndole miedo a su propio móvil. Y sí, el familiar que agarra el aparato y lo arregla en cuatro segundos mientras usted mira, sin quedarse con nada, es un problema real que tiene solución real, y la solución no es «esfuércese más».

Lo que este libro no va a hacer es ahogarle. No hay ningún capítulo que tenga que terminar antes de estar «autorizado» a usar el móvil. Ya lo usa. Esto solo hace que usarlo sea más tranquilo, más seguro y más suyo. Iremos al ritmo de una cosa pequeña y ganable cada vez, porque así es como se construye de verdad la confianza: nunca de un salto grande, siempre con una pila de pruebas pequeñas de que sí, de que usted puede.

Ha manejado cosas más difíciles que un móvil. Ha criado personas, ha llevado casas, ha administrado dinero en años malos, ha aprendido oficios, instrumentos e idiomas, ha enterrado a gente querida y ha seguido adelante. Un aparato que cabe en la palma de la mano no es quién para decidir que usted se ha quedado atrás. No es su jefe, y para la última página tampoco se lo va a parecer.

Quitémosle la vergüenza al asunto, juntos, y dejemos en su lugar algo mejor: esa competencia llana y sin dramas que usted ya lleva a todas las demás partes de su vida.

The Greenlight Guides Editorial Team


Introducción: por qué cuesta tanto, y por qué eso no habla de usted

En algún momento del camino, el teléfono dejó de ser un teléfono.

Durante casi toda su vida, un teléfono fue un teléfono. Lo descolgaba, funcionaba, y si se rompía llamaba a un número y venía una persona. Un televisor era un televisor. Un coche era un coche, y el que conducía a los cuarenta y el que conducía a los sesenta tenían los pedales en el mismo sitio. Las herramientas de la vida diaria se quedaban quietas el tiempo suficiente para aprenderlas una vez y fiarse de ellas durante décadas. Era un trato justo, y duró mucho tiempo.

Y entonces, en el espacio de unos quince años, el móvil se tragó la cámara, el mapa, el banco, el álbum de fotos, el periódico, el buzón, la linterna y la puerta de entrada de casi todas las empresas y oficinas públicas con las que usted trata. Y a diferencia de las herramientas anteriores, esta cambia de forma mientras usted duerme. El botón que el mes pasado estaba en la esquina ha desaparecido. La aplicación que por fin había aprendido «se ha actualizado». El banco cerró la oficina y ahora la única puerta es una pantalla.

Nada de eso son imaginaciones suyas, y nada de eso es culpa suya. La razón de que tantos adultos perfectamente capaces se sientan avergonzados ante la tecnología es que se están comparando con un listón que nadie podría alcanzar: saber, de un vistazo, cómo funciona algo que rediseñaron aposta el martes pasado. Los jóvenes no tienen conocimientos secretos. Tienen tolerancia a hurgar y equivocarse, acumulada en una infancia entera de hacer exactamente eso, más cero vergüenza al respecto, porque para ellos no hay público ni hay nada en juego. Esa tolerancia se aprende a cualquier edad. Es casi todo lo que enseña este libro.

Le digo con claridad lo que viene. A lo largo de diez capítulos aprenderá a ver cualquier aparato como un conjunto pequeño de piezas que siempre se relacionan igual, de modo que un móvil nuevo deje de ser un desconocido. Tendrá un método para aprender cualquier aplicación que no dependa de recordar menús. Dejará las contraseñas resueltas de una vez, bien, de una manera que sobrevive a la mala memoria. Se soltará con los mensajes, las fotos y las videollamadas, que son las cosas que de verdad le mantienen cerca de la gente que quiere. Rellenará formularios y pagos por internet sin esa sensación de estar aguantando la respiración. Y aprenderá la habilidad más valiosa de todas: arreglar un error con calma, porque el miedo a romper algo tiene paralizada a más gente que cualquier otra cosa.

Por debajo de todo esto laten unas cuantas convicciones, para que conozca el espíritu del libro.

Manda usted. El aparato está a su servicio. Cuando la máquina y su criterio no coincidan sobre si algo huele mal, gana su criterio.

Lo pequeño y real gana a lo grande e impresionante. Una tarea que esta semana pueda hacer sin ayuda vale más que un fin de semana entero viendo vídeos que habrá olvidado el lunes.

No hay meta, porque la tecnología no va a dejar de moverse, y eso está bien. El objetivo no es «ponerse al día». Es estar cómodo con el puñado de cosas que de verdad usa, y que el resto le dé lo mismo.

Y una más, la callada, la que más importa. Un error con un móvil casi nunca es permanente y casi nunca sale caro. Casi todo lo que teme romper no se puede romper tocando donde no era. Cuando ese miedo se afloja, todo lo demás se vuelve más fácil, y este libro es en buena medida un alegato largo y paciente a favor de que se afloje.

Las partes difíciles ya las tiene: paciencia, criterio, décadas aprendiendo cosas que la primera vez le explicaron fatal. Solo queda apuntarlas hacia un problema más pequeño y menos serio que la mayoría de los que ya ha resuelto. Pase la página.


Hasta aquí el comienzo. Los otros 10 capítulos siguen igual.

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