Lectura gratuita
Las primeras páginas de Comer lo suficiente para seguir fuerte
El prólogo y la introducción, completos y gratis. Aquí es donde el libro decide si se ha ganado el resto de su atención.

Prólogo
Hay una manera silenciosa en la que llega este problema, y casi nunca se anuncia. Nadie se levanta un día y decide dejar de tener hambre. Lo que pasa es que el tazón del desayuno se queda a medias. La segunda tostada vuelve a la bolsa del pan. La cena se encoge hasta ser lo más fácil, luego hasta una infusión y una galleta, y algunas noches hasta prácticamente nada. Los pantalones que valían el año pasado ahora se escurren, y un cinturón recoge la diferencia, y durante un tiempo apenas parece digno de mención. Solo más tarde, al ver una alianza que baila en el dedo o una cara más afilada en una fotografía, aterriza el pensamiento: ¿cuándo dejé de comer en condiciones?
Escribimos este libro porque esa deriva lenta es común, y porque muy a menudo se trata como si no fuera nada, empezando por quien la está viviendo. El apetito se apaga por motivos reales. Un medicamento cambia el sabor de la comida. El duelo le quita todo el gusto a cocinar para uno. Duele una muela, se atraganta un trago, una enfermedad se alarga, y el cuerpo, con buen criterio a corto plazo, baja el volumen del hambre. El problema es que comer demasiado poco durante demasiado tiempo tiene un precio, y ese precio es la fuerza. El músculo que costó décadas construir se marcha antes que la grasa. Las piernas que le subían las escaleras se vuelven menos seguras. Una enfermedad menor que un cuerpo bien alimentado se sacude en tres días tarda tres semanas. Nada de esto pretende asustarle. Pretende explicar por qué esta cosa aparentemente pequeña merece tomarse en serio, y por qué la tratamos con el cuidado con que la tratamos.
Este es, en cierto modo, el libro contrario a los que abundan. Hay estanterías enteras de guías sobre comer menos, pesar menos, encoger. Esta va en la otra dirección. Para muchísimas personas de más de sesenta años, la tarea más difícil y más urgente es comer lo suficiente, sostener el peso y el músculo, mantenerse lo bastante firme para seguir siendo independiente. Si es su caso, probablemente se haya sentido raramente solo con ello, porque la cultura entera apunta al lado opuesto. No está solo con esto. Está en muy buena y muy corriente compañía.
Esto es lo que hemos aprendido de las personas que le dan la vuelta. Casi nunca lo consiguen forzándose a tragar platos grandes que no quieren. Ese enfoque fracasa casi siempre, porque pelea contra el cuerpo en vez de trabajar con él. Lo que funciona es más pequeño y más astuto. Hacer que cada bocado lleve más dentro. Comer un poco por el reloj cuando el hambre ya no sirve de guía. Encontrar los dos o tres alimentos que todavía saben a algo y apoyarse en ellos sin culpa. Conseguir ayuda con la compra para que la energía que queda vaya a comer y no a acarrear. Sentarse a comer con otro ser humano más a menudo, porque la compañía hace por el apetito más que casi cualquier cosa escrita en una etiqueta.
No vamos a fingir que las causas dan igual, y no vamos a jugar a ser médicos. El movimiento primero y más importante, si el peso o el apetito han bajado de verdad, es hacerse mirar. Dígaselo a su médico de cabecera sin rodeos: no estoy comiendo como antes y he perdido peso sin querer. Esa frase abre la conversación correcta. A veces aparece algo sencillo de tratar. Este libro camina al lado de eso, no lo sustituye, y le recordará la diferencia una y otra vez.
Pero sobre todo queremos que recupere la parte buena. Un desayuno que se espera con ganas. Una sopa que sabe a algo una tarde gris. Fuerza suficiente en las piernas para bajar a la esquina y volver sin planificarlo como una expedición. El placer llano de una comida compartida en una mesa, sin prisa, con alguien cuya compañía le gusta. La comida no es solo combustible, aunque también lo sea. Es uno de los consuelos más antiguos que tenemos, y recuperarla merece el pequeño esfuerzo que este libro le pide.
No hace falta arreglarlo todo esta semana. Solo hace falta empezar a comer un poco más, un poco más a menudo, y conseguir que la persona adecuada mire debajo del capó. Le ayudaremos con las dos cosas.
The Greenlight Guides Editorial Team
Introducción: cuando el apetito se queda callado
Piense en la última comida que en realidad no le apetecía. Quizá fue esta mañana. La comida estaba bien, no le pasaba nada, y aun así usted la movió por el plato y dejó la mitad. No estaba siendo difícil. Sencillamente no tenía hambre, y no tener hambre tiene una manera de parecer una respuesta completa y razonable a la pregunta de si comer o no.
Durante casi toda una vida, eso es exactamente así. El apetito es un guía de fiar. Come cuando tiene hambre, para cuando está lleno, y su cuerpo lleva la contabilidad sin que usted vea nunca el libro de cuentas. Lo que sorprende a la gente es que ese guía puede desviarse con los años, y desviarse en silencio, de modo que comer demasiado poco deja de parecer un problema y empieza a parecer una preferencia. El hambre llega más tarde, se marcha antes y habla con voz más pequeña. Se puede ir de verdad quedando sin combustible y no notar ninguna alarma.
Ese es el enigma que está en el corazón de este libro, y es la razón de que el consejo de siempre —escuche a su cuerpo— necesite una enmienda suave pasados los sesenta. Su cuerpo sigue mereciendo que se le escuche. Lo que pasa es que, cuando el apetito se ha apagado, el hambre por sí sola deja de bastar como brújula, y hay que traer un segundo guía: un poco de planificación, un poco de rutina, unas cuantas decisiones tomadas con la cabeza y no con el estómago.
Fijemos las expectativas con honestidad, porque así funciona esta colección. En los diez capítulos que vienen aprenderá por qué comer lo suficiente protege su fuerza y su independencia, y por qué el peso que se cae es una señal que conviene atender en vez de una victoria callada. Aprenderá maneras prácticas de meter más alimento en un apetito pequeño: hacer la comida más rica sin hacerla más grande, comer poco y a menudo, apañárselas con una muela, una boca seca o una garganta que se ha vuelto prudente. Aprenderá cómo tiran del apetito los medicamentos, el ánimo y la enfermedad, cómo conseguir que entre comida en casa cuando comprar y cocinar se han hecho demasiado, y cómo saber si la cosa está mejorando o necesita un empujón más firme de un profesional. Y aprenderá el papel silenciosamente poderoso que juegan las demás personas, en la mesa y en la cocina, y cómo dejarlas entrar.
Unas cuantas cosas en las que este libro cree, para que sepa qué tiene entre manos.
La comida primero, siempre. La comida corriente, elegida y preparada de otra manera, hace aquí casi todo el trabajo. Los preparados y suplementos tienen su sitio, y seremos honestos al respecto, pero vienen después de las comidas de verdad, no en lugar de ellas.
Lo pequeño y sostenido gana a lo grande y heroico. Un desayuno enriquecido que se va a comer de verdad todos los días vale más que una cena enorme que teme y abandona. Buscamos costumbres que un cuerpo cansado pueda mantener.
Su apetito no es un defecto de carácter. Si no puede acabarse un plato, eso es un dato sobre su cuerpo ahora mismo, no un fallo de voluntad. Trabajaremos con el apetito que tiene, no con el que se supone que debería tener.
Y el médico va primero cuando la señal es real. Esta es la raya que vamos a mantener de principio a fin: la pérdida de peso no buscada y una bajada duradera del apetito son motivos para hacerse mirar, pronto y sin vergüenza. La dificultad para tragar también es motivo para hacerse mirar pronto. Este libro le ayuda a comer bien. No sustituye a la cita, y no va a dejar de empujarle hacia ella.
Una nota honesta antes de arrancar. Habrá días en que nada de esto funcione, en que no apetezca nada y comer parezca una tarea impuesta por otro. Esos días son normales y no deshacen los buenos. El objetivo no es un expediente perfecto. Es un giro lento de vuelta hacia comer lo suficiente, con más comodidad y menos batalla, conservando fuerza bastante para seguir viviendo la vida que quiere. Ese giro es muy posible, y empieza por lo más pequeño.
Pase la página. Vamos a que coma lo suficiente para seguir fuerte.
Hasta aquí el comienzo. Los otros 10 capítulos siguen igual.