Lectura gratuita
Las primeras páginas de Su segundo acto creativo
El prólogo y la introducción, completos y gratis. Aquí es donde el libro decide si se ha ganado el resto de su atención.

Prólogo
Hay una frase que hemos oído tantas veces, en tantas cocinas y tantos salones de asociaciones de vecinos, que podríamos ponerle música. «Uy, yo no soy nada creativo.» Llega con una risita, un gesto con la mano y un cambio rápido de tema. Y casi siempre la persona que la dice acaba de describir un huerto que diseñó ella, una familia que mantuvo unida durante una década difícil, un guiso que se inventó porque la despensa estaba vacía, o una habitación que pintó de un color que en la tienda le juraron que sería un error y no lo fue. Son creativos de arriba abajo. Lo que quieren decir con «no soy creativo» es algo más estrecho y más triste: en algún momento alguien les dijo, o decidieron ellos, que el arte era para otra gente. Gente con un don. Gente que empezó de joven. Ellos no.
Este libro existe para discutir esa idea, con cariño y sin prisa.
Esto es lo que hemos llegado a creer después de muchísimas conversaciones con personas que se pusieron a pintar a los setenta, o que por fin escribieron las historias de la familia a los setenta y ocho, o que compraron un teclado de segunda mano a los sesenta y cinco y enseñaron a sus dedos rígidos a encontrar las notas. Los que acaban alegrándose de haber empezado casi nunca son los que se sentían con talento. El talento, sea lo que sea, resulta ser un mal predictor de quién sigue adelante. Los que siguen adelante son los que encontraron la manera de hacer el trabajo lo bastante pequeño para empezarlo, lo bastante regular para construir sobre él, y lo bastante indulgente para sobrevivir a ese tramo feo del principio por el que pasa absolutamente todo el mundo que crea, sin una sola excepción, tenga la edad y el don que tenga.
Deberíamos ser honestos con usted desde la primera página, porque se ha ganado la honestidad y porque nota perfectamente cuándo le están halagando. Sus primeras obras no van a ser buenas. No porque sea mayor, ni porque le falte una chispa, sino porque la destreza es algo que las manos, el oído y el ojo aprenden despacio, a base de repetición, igual que en su día aprendió a conducir o a leerle la cara a alguien. Las primeras obras de cualquiera son torpes. Los pintores cuyos nombres conoce pintaron antes cientos de cuadros malos. La diferencia entre ellos y la persona que lo dejó no fue la calidad de esas primeras obras. Fue que uno se presentó a la siguiente mientras el otro decidió que el primer resultado era una sentencia.
Así que este no es un libro de inspiración, o no solo. La inspiración es barata y se evapora para el martes. Este es un libro de métodos pequeños y manejables para superar las cosas concretas que frenan a la gente: la página en blanco, el miedo a que le vean, el perfeccionismo que prefiere no hacer nada antes que hacer algo imperfecto, la sensación de que no hay tiempo, la preocupación de que sea un capricho dedicar una tarde a algo que nadie le ha pedido. Vamos a tomarnos en serio cada una de esas cosas, porque son reales, y a darle una salida práctica para cada una.
También seremos claros con lo que crear puede hacer y lo que no. No le va a dar dinero necesariamente, aunque hablaremos sin rodeos de compartir y de vender si le apetece. No va a borrar una pérdida, ni la soledad, ni un diagnóstico duro. Pero hace algo más callado y más duradero. Le da forma a las horas. Le da una razón para mirar el mundo con más atención, que ya es premio suficiente. Y produce, a lo largo de los meses, un montoncito de pruebas de que usted sigue creciendo, de que sigue siendo capaz de hacer hoy algo que hace un año no habría sabido hacer. En una etapa de la vida que la cultura se empeña en describir como una resta lenta, ese montoncito de pruebas importa más de lo que podemos decir.
No hace falta que tenga talento. No hace falta que sea joven, ni que tenga formación, ni que esté seguro de sí mismo. Hace falta un poco de tiempo, un primer proyecto pequeño y permiso, que es lo que este libro entero intenta darle sin hacer ruido. Cójalo. Hay un placer de verdad esperando al otro lado del comienzo torpe, y usted tiene todo el derecho del mundo a él.
The Greenlight Guides Editorial Team
Introducción: eso que sigue sin hacer
Casi todo el mundo lleva uno encima. Algo que haría, o escribiría, o tocaría, si acaso. Si tuviera tiempo, o talento, o un sitio decente para hacerlo, o el permiso de un comité que en realidad no se ha reunido nunca. Se queda al fondo de la cabeza como un abrigo que siempre va a llevar al arreglo. Usted lo ve. Siente un tironcito. Y luego el día se llena y el abrigo se queda donde estaba.
Este libro trata de bajar por fin el abrigo de la percha.
Puede que el suyo sea muy concreto. Una caja de acuarelas que le regaló una amiga hace tres cumpleaños, todavía con el plástico. Unas memorias que se ha contado a usted mismo en muchos viajes largos y de las que no ha escrito ni una línea. Una guitarra en el altillo. Una colcha que empezó cuando los niños eran pequeños y nunca terminó. O puede que sea algo más vago, la sensación de que antes hacía cosas, antes de que la vida se llenara, y de que le gustaría volver a ser esa persona. Cualquiera de esos sitios es un buen sitio para empezar, y este libro está hecho para salirle al encuentro en el que sea el suyo.
Fijemos expectativas con honestidad, porque las promesas falsas son una forma de falta de respeto. A lo largo de los diez capítulos que vienen va a trabajar el problema de verdad, que casi nunca es falta de capacidad. Es falta de una puerta de entrada. Se va a dar permiso para empezar, que es más difícil y más importante de lo que parece. Va a elegir un primer proyecto lo bastante pequeño para terminarlo de verdad, porque terminar una cosa pequeña enseña más que admirar diez grandes. Va a construir una práctica que sobreviva a una mala semana. Va a aprender de dónde salen las ideas y cómo cazarlas. Va a atravesar la etapa de principiante sin abandonar, que es la partida entera. Va a terminar y revisar una pieza, a recibir comentarios que ayuden en lugar de herir y, si le apetece, a compartir su obra o incluso a vender un poco, sin ponerse del revés a cambio de aprobación.
Unas cuantas cosas en las que este libro cree, para que sepa con qué espíritu está escrito.
Usted no va con retraso. No hay ningún calendario que se le haya pasado. La idea de que el arte pertenece a los jóvenes es un cuento que la cultura repite, y es falso, y cada año hay mucha gente que lo desmiente.
Lo pequeño y real gana a lo grande e imaginado. Una página escrita, un boceto hecho, una escala tocada valen más que un plan magnífico que no toca nunca. Vamos a ir empequeñeciendo las cosas hasta que sean lo bastante pequeñas para hacerlas.
La destreza se gana, y esa es una buena noticia. Significa que lo que hay entre usted y una obra mejor no es un don que le negaron al nacer. Es práctica, y la práctica está al alcance de cualquiera que acepte hacerlo mal durante una temporada.
Y no necesita gran cosa para empezar. Ni dinero, ni un taller, ni la aprobación de nadie, vivo o muerto. Un lápiz y diez minutos ponen en marcha casi cualquier cosa de este libro. Nunca le vamos a mandar a comprar nada para saltarse el principio.
Una nota honesta antes de seguir. En algún momento, probablemente pronto, hará algo que le decepcione, y durante un instante le parecerá la prueba de que tenía razón al dudar de sí mismo. No la tenía. Un resultado decepcionante no es una sentencia. Es la experiencia corriente y universal de toda persona que ha hecho algo alguna vez, y al terminar este libro sabrá exactamente qué hacer con él: fijarse en lo que ha aprendido y empezar el siguiente. Ese giro pequeño y sin dramas hacia la siguiente pieza es casi todo lo que una vida creativa es en realidad.
Una aclaración sobre la amplitud de este libro, porque abarca mucho terreno a propósito. Los ejemplos van de la pintura a la escritura, de la música a la artesanía, de ahí a la fotografía, y quizá se pregunte si un libro que toca tantas cosas puede servirle para la suya en concreto. Puede, porque las partes difíciles son compartidas. La página en blanco, el lienzo en blanco y el instrumento sin tocar son el mismo miedo con ropa distinta. El perfeccionismo que frena a un aspirante a pintor es el mismo que frena a una aspirante a memorialista. Construir una práctica, terminar una pieza, sobrevivir a la etapa de principiante, encajar los comentarios: todo eso funciona igual, sea su material el barro, las palabras o el sonido. Así que lea los ejemplos en el medio en que vengan y tradúzcalos al suyo sobre la marcha. La persona que aprende acuarela y la que aprende la armónica están, por debajo, resolviendo un problema idéntico, que es cómo seguir haciendo algo cuando cuesta y todavía no se le da bien. Este libro entero trata de ese problema, con las herramientas que a usted le toque tener en la mano.
Baje el abrigo. Vamos a mirarlo juntos.
Hasta aquí el comienzo. Los otros 10 capítulos siguen igual.